Imaginad que existe un mundo en el que el sistema económico hegemónico es uno que premia la superación personal y penaliza el fracaso. Este sistema permite que la gente progrese económica y socialmente según sus habilidades y su experiencia atesorada durante años de trabajo duro. Este sistema no es perfecto y permite que la gente evolucione hacia puestos mejores en sus empleos mediante tráfico de influencias, enchufismos y todo tipo de prácticas moralmente reprobables y al margen de las leyes que regulan nuestra convivencia.
En este mundo hay un pequeño grupo de personas e instituciones que atesoran la mayoría del poder político y económico. El cómo lo han conseguido no importa la mayoría de las veces, porque no tienen por qué ser delincuentes para pegar un pelotazo y colocarse en lo alto de la pirámide financiera. Hay quienes llegan a dichas posiciones en las alturas de nuestra estructura socioeconómica empezando como pocero o como castañero y comete muchas más barbaridades que los nacidos en familias ricas que han tenido que esforzarse poco por multiplicar la fortuna familiar.
Hay varios pilares fundamentales que constituyen la base sobre la que se cimienta toda esta maquinaria. El respeto a la ley, un sistema judicial que vele por su cumplimiento y un Estado que no se deje comprar por los centros de poder económico son necesarios para que el dinero no sea un mero instrumento de esclavización del pueblo. De hecho, los movimientos obreros surgidos en el siglo XIX se puede considerar que sirvieron para dejar claro a las empresas que los trabajadores son una parte fundamental del engranaje del capitalismo y que deben ser tratados con un mínimo de dignidad.
A pesar de todo, hay gente para la que todo esto no es suficiente. Estas personas cuestionan el propio sistema capitalista y la especulación bursátil, culpándolos de todos los males de este mundo. Además, considerar que el Estado es un cómplice de las prácticas de las grandes corporaciones y son un simple títere de los «verdaderos» gobernantes del mundo: los bancos.
Hace un par de semanas salió a la luz una performance financiera llevada a cabo por uno de estos individuos que cuestionan el sistema económico actual. Y para demostrar estas teorías según sus propios criterios (con los que otros muchos están de acuerdo) no se le ocurrió otra cosa que durante unos meses estafar a decenas de entidades bancarias pidiendo créditos, utilizando para ello nóminas y documentos falsos. Con el dinero publicó una revista cuyos contenidos se pueden consultar en la red. Se supone que el resto del dinero será donado a ONG´s y entidades solidarias.
Yo respeto todas las ideas sea cual sea el interlocutor, mientras se argumenten las posturas y se mantengan las formas. El llamado Robin Banc (Enric Durán) ha conseguido dos cosas: estafar a 39 entidades financieras y que haya gente que defienda a un estafador llamando a lo que ha hecho «ingeniería social contra los bancos para demostrar las grietas de nuestro sistema financiero». Yo estoy del lado de los que consideran a este «activista» un simple estafador y a lo que ha hecho no se le puede calificar de otra cosa que una serie de delitos incluyendo la falsedad documental con el firme propósito de lucrarse y conseguir promoción para un discurso tan rancio y obsoleto como el actual programa político de Izquierda Unida.
Estoy de acuerdo en que el sistema económico actual no es perfecto ni mucho menos ideal. De pensar esto a proponer un «reseteo» del sistema para construir desde cero un nuevo sistema socioeconómico hay un abismo, sobre todo cuando no se conoce ninguna solución ideal para crear un nuevo orden mundial que nos lleve a un mundo feliz con plena justicia social (concepto este muy subjetivo según las tendencias políticas de cada uno y que los más radicales de izquierdas intentan imponer como pensamiento único desde el principio de los tiempos).
Estamos en tiempos de crisis, y ahora todos los detractores del sistema financiero actual nos hacen llegar su discurso del «ya te lo dije» con todos los medios que tienen a su alcance. En los movimientos anticapitalistas es una ocasión de oro para, hablando claro, «dar por culo» a todas horas soltando discursos memorizados sobre lo diabólico que es colaborar con el status quo. Ya sabéis: ¡retiremos todo nuestro dinero de los bancos! ¡no consumamos! y toda es cantidad de paridas para boicotear y destruir el sistema financiero y a las malvadas corporaciones.
El problema de la acción llevada a cabo por Enric Vidal es que no demuestra absolutamente nada respecto a las supuestas flaquezas del sistema financiero actual. No ha utilizado ninguna grieta, simplemente ha violado la ley de forma sistemática para engañar y estafar. La ley actuará y perseguirá al responsable de estos delitos (y lo llevará a juicio) y las aseguradoras compensaran a las entidades financieras afectadas. Esta clase de ilegalidades está más que prevista por parte de los bancos y no supone más que una mala publicidad al haber sido víctimas de un simple delincuente.



A Enric Vidal no le conocemos... Marc Vidal sí, y también a Enric Durán que es el de la limpieza bancaria. Como sabes nada comparado con lo que han hecho y harán con nuestros bolsillos las entidades financieras apoyadas por los gobiernos y los medios de comunicación.
Y aún no me queda claro que salgamos de esta sin perder unos kilos... además de los ahorros.
Como te dije, es menos peligroso un regimiento de Enrics Vidal que una de las entidades financieras a las que ha estafado.
A ver el tiempo a quién da la razón...
En lo que sí te doy la razón desde ya es que a todo el mundo le resulta ahora muy fácil el 'ya te lo dije', 'esto hay que arreglarlo de raíz', 'vamos a cambiarlo todo' o '¡a las barricadas!'
El problema de la crisis financiera actual es que no se puede culpar a nadie en concreto: ha sido todo el mercado bancario el que ha caído en ciertas prácticas que pensaban que eran la panacea al problema de que ya no sabían de donde sacar dinero porque lo tenían prestado todo. En cierto momento se han empezado a dar cuenta de que todo el sistema financiero estaba poblado por productos de inversiones hipotecarias que contenían hipotecas con nula garantía de cobro mezclado con las «buenas». Y ahora no se fian entre ellos. No es un problema financiero tan grave como podríamos pensar, pero la falta de confianza está haciendo que se agrave cada día que pasa. Y por mucho que los bancos centrales y los gobiernos ayuden a los bancos a conseguir dinero, el sistema financiero no puede salvarse si no hay flujo de dinero entre ellos.